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¿De qué te defiendes tú?

mujer en defensaPoseemos mecanismos llamados de defensa porque su objetivo es precisamente ese, defendernos de emociones o pensamiento que producen heridas, malestar, ansiedad si tomamos consciencia de ellos, y esa es la razón por la cual estos mecanismos son generalmente inconscientes.

Estos mecanismos fueron propuestos por Sigmund Freud en 1925 y años después fueron clasificados por su hija Ana. ¿Los conoces?

Hoy quiero mostrarte algunos de ellos porque si bien son protectores, impiden ampliar nuestro autoconocimiento y desde allí tornan muy compleja por no decir imposible cualquier posibilidad de cambio ante lo que nos afecta.

Veamos los principales:

Proyección: consiste en ver en otra persona características que le pertenecen a uno, por ello muchas veces se habla del espejo, que no es otra cosa que este mecanismo operando donde ves en el otro características que no quieres admitir que están presentes en ti.

Negación: donde no aceptas una realidad obvia porque el dolor de asumirla te lleva a negarla; no en balde se dice que la aceptación es el peldaño principal para poder superar cualquier situación que se te presente.

Regresión: llevar a cabo conductas propias de una etapa anterior de la vida, como el adulto que hace un berrinche cuando no obtiene lo que quiere.

Fantasía: atribuir a una persona una serie de características que no posee a fin que se adecúe a lo que esperas de ella, es decir, idealizarla, muy común cuando sentimos amar a alguien que por sus características nos hace más daño que bien.

Control: necesidad de controlar todo lo que sucede en la vida creyendo que de esta forma se puede impedir que ocurran cosas o situaciones que escapen de nuestras manos.

Racionalización: inventar explicaciones que más bien son justificaciones para justificarse uno mismo y no tener que enfrentar el conflicto; como por ejemplo, puedo fumar porque mi abuela de 80 años sigue fumando y está bien.

Disociación: es una alteración de la funciones de integración de la conciencia donde la persona puede llevar a cabo actos que luego ni siquiera recuerda porque sería muy doloroso hacerlo.

Represión: eliminar o borrar de la conciencia situaciones, pensamientos que por el dolor que ocasionan no se quieren recordar.

Intelectualización: desconectarse de las emociones sustituyéndolas por un marcado componente intelectual.

Sublimación: canalizar deseos hacia otra actividad, como puede ser el despliegue de actividad artística en sustitución del sexo o el sumergirse en forma desmedida al trabajo para no tener que compartir en el hogar.

Supresión: donde se presenta una evitación de problemas o situaciones y no hace nada esperando que se resuelvan solos.

Desplazamiento: donde se cambia la dirección de un impulso hacia una persona u objeto, como pudiera ser llegar agresivo a casa cuando el producto de la rabia fue una discusión con tu jefe.

Existen otros mecanismos pero estos suelen ser los más comunes y como les comentaba, su objetivo es proteger nuestras emociones ante lo desagradable o no grato, pero la pregunta es, ¿desde el no ver, desde el evadir, se resuelve?

La realidad, los eventos, lo que sucede es independiente de que decidas verlo o no verlo, enfrentarlo o no hacerlo, y el esconder la cabeza en la tierra no hará que cuando la saques todo se haya resuelto.

Les comentaba que todo esto es inconsciente pero, desde la observación podremos ver si nos estamos o no defendiendo, porque puedes maquillar todo lo que quieras una situación o intentar desparecer de la escena pero esto no hará que cambien las cosas, el verdadero cambio siempre estará en ti, en tu capacidad de aceptar, reconocer, enfrentar y desde allí cambiar lo que consideres debe ser cambiado.

Liliana Castiglione

Psicóloga

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